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La Leyenda de la Yacumama

Yacumama es la "madre de las aguas". Es una boa gigantesca que vive en las profundidades de los ríos y lagos. Ella es quien domina el clima, las lluvias y el caudal de los ríos. Cuando la tierra necesita agua para subsistir, sube al cielo se esparce como una mancha gris y anuncia con rayos, relámpagos y truenos, que caerá  en forma de lluvia sobre la tierra, de esa forma hará crecer planas que sirven de sostén al hombre. Luego que a cumplido su misión reposa convirtiéndose en un arco iris para luego volver a las profundidades de las aguas a salvaguardarlas.     

 

La Yacumama como todas las divinidades que habitan en la Amazonia, es un modo de subsistencia eterna que de una forma innegable por las poblaciones que existen en este lugar y cohabitan de una manera muy particular. Para ellos representa la esperanza de una subsistencia eterna.

 

Es muy probable que esta diosa de la naturaleza existiera incluso antes de que empezara el diluvio, también es posible que se haya alterado su interacción hombre-naturaleza-dios y que luego el tiempo se encargara de generar nuevas condiciones optimas hasta dar con un inicio de un nuevo comienzo. Desplazando de ese modo la misión de esta diosa de la naturaleza limitandola solo a la protección de las agua sin embargo ella aun ha perdido sus poderes.  

 

 

 

Un encuentro inesperado con la Yacumama

Tenia una enorme cabeza y se movía con una gran sigilo y  agilidad, en momentos se arrastraba por el suelo de una manera sigilosa, al ras del suelo para luego  subir entre las copas mas altas de los arboles como si buscar algo. Aveces imitaba el canto de un mono, su piel brillaba entre el follaje de hojas que cubren el suelo de la espesa selva. Buscaba algo!, seguramente a nosotros que, estábamos bien escondidos entre unos arboles. Era su canto gutural y estruendoso que resonaba en el silencio de la madrugada lo que nos había llevado hacia su habitad. 

 

A eso de las tres de la madrugada, mientras dormíamos cerca de la cocha donde estábamos pescando, sonó su ruidoso cántico. <<"Ahí esta un mono, prepara tus flechas que vamos a darnos un rico banquete en el desayuno>>, dijo mi padre. 

 

Agarre las flechas que tenia cerca y me los puse al hombro, aliste el arco dejándolo limpio y bien tensado, me asegure que no fallara al momento de disparar a ese mono.

 

Debe de estar en la otra orilla de la cocha, le cazaremos rápidamente justo antes de que la  luz del sol empiece a quemarnos la cara y caliente la mañana, ten listo tu arco, volvió a indicarme mi padre.

 

Mientras caminábamos rodeando la gran cocha mirábamos como los peces saltaban en el agua, pero ya estábamos cansados de tanto pescar y comer pescado mejor estaba el mono que interrumpia el silencio de la madrugada con su canto. 

 

No, no era un mono, la astuta Yakumama con su canto de mono, nos había tendido una trampa. Muy callado casi murmurando y sin respiración, mi padre me dice que en tiempos antiguos le dijeron que cuando valla a pescar o cazar cerca a una cocha se cuide de la Yacumama ya que suele proteger las aguas de sus cocha donde descansa, al parecer nosotros estábamos pescando cerca en una de sus cochas donde solía descansar; pero mi padre no le había dado importancia por creer que solo era un invento de los antiguos, para que los jóvenes no se arriesguen monte adentro.        

 

Con su canto te hace creer que es un mono, para atraerte cerca luego te lanza grandes bocanadas de agua para aturdirte y comerte  a su antojo por perturbar la vida de su cocha o si no te das cuenta y estas muy cerca de ella te enrosca, te estruja, te engulle sin que te des cuenta. 

 

Menos mal que un paucar pasó volando y cantando dos veces, bien cerquita a nosotros. <<No debemos apresurarnos, algo malo nos va a pasar>>, dijo mi padre. El paucar nos había alertado del inminente peligro.  

Por eso, poco a poco, sin hacer ruido avanzamos hacia el mono, cuando sentimos cerca su canto, nos colocamos detrás de un árbol y divisamos a los lejos de donde venia su canto. 

 

La Yacumama, cuya piel refulgía entre las ramas quería darse un banquete con nosotros y nos estaba esperando, nos había olido y ahora nos sentía cerca, por eso se retorcía, se alocaba buscándonos enfurecida.   

 

Mi padre apunto hacia su cabeza y zaaas! por poco le atino. <<No tengas miedo>>  Dame otra flecha y nuevamente zaaas! le rozo causándole una herida sangrante. La Yacumama se retorcía de dolor  y sangrando se desplazo raudamente hacia la cocha. Luego de eso mi padre ya entrando en conciencia me dijo <<Vayámonos de aquí hijo, creo que por esta vez tuvimos un poco de suerte, vayámonos y no volvamos ya que esta cocha tiene madre y por poco hoy nos caza y nos come>>  

      

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