Actualizado 2026: Entre el 10 y el 12 de julio de 1911, fuerzas militares de Perú y Colombia protagonizaron el denominado Combate de La Pedrera, ocurrido a orillas del río Caquetá, en una zona remota de la Amazonía. Para la historia de Loreto, este episodio no solo representa una antigua disputa territorial: también permite comprender la importancia estratégica de Iquitos, la navegación fluvial y la presencia del Estado peruano en territorios a los que, en aquella época, únicamente era posible llegar después de largas y difíciles jornadas por tierra y por río.
A comienzos del siglo XX, las fronteras amazónicas todavía no estaban definidas como las conocemos actualmente. Buena parte del territorio situado entre los ríos Caquetá, Putumayo y Amazonas era objeto de reclamaciones limítrofes entre Perú y Colombia. Ambos gobiernos buscaban afirmar su presencia mediante puestos militares, autoridades, aduanas, embarcaciones y expediciones que recorrían una región inmensa, aislada y muy difícil de controlar.
En ese contexto, fuerzas colombianas instalaron una posición en La Pedrera, un paraje ubicado junto al río Caquetá y conocido por sus fuertes corrientes, su poca profundidad y las rocas que cubrían parte del lecho. Para el Gobierno peruano, aquella posición se encontraba dentro de un territorio reclamado por el Perú; Colombia sostenía una interpretación diferente. Por eso, según la fuente consultada, este episodio puede aparecer con nombres como Combate de La Pedrera, conflicto de La Pedrera, asalto de La Pedrera o enfrentamiento peruano-colombiano de 1911.
Esta diferencia de versiones resulta importante para comprender el contexto histórico. No disminuye el valor ni el sacrificio de quienes participaron, pero recuerda que el combate ocurrió en una época en la que la frontera amazónica todavía era un asunto pendiente y cada país defendía su propia interpretación sobre la soberanía del territorio.
Una marcha extraordinaria desde Chiclayo hasta Iquitos
La respuesta peruana quedó a cargo del entonces teniente coronel Óscar R. Benavides, comandante del Batallón de Infantería N.º 9. Sus hombres partieron desde Chiclayo y atravesaron sectores de Cajamarca, Amazonas y San Martín antes de ingresar a Loreto.
En la actualidad, aquel recorrido puede observarse rápidamente en un mapa, pero en 1911 significaba avanzar durante semanas por caminos difíciles, cruzar montañas y zonas selváticas, transportar armas, alimentos y equipos, y soportar un clima para el que muchos soldados no estaban preparados. Las crónicas peruanas recuerdan esta marcha como una de las etapas más sacrificadas de toda la expedición.
La llegada a Iquitos no representó el final del viaje. En realidad, apenas abrió una segunda etapa. La ciudad se convirtió en el punto de abastecimiento, organización y embarque de la operación militar. Desde sus puertos, las tropas debían continuar navegando por los ríos amazónicos hasta alcanzar el lejano río Caquetá.
El batallón fue transportado en una flotilla encabezada por la cañonera América, bajo el mando del teniente primero Manuel Clavero Muga. La acompañaban las embarcaciones civiles Loreto, Tarapoto y Estefita. Desde Iquitos navegaron por el río Amazonas y continuaron su recorrido hacia el Caquetá hasta aproximarse a La Pedrera el 10 de julio de 1911.
Tres días de combate sobre el río Caquetá
Antes de iniciar el enfrentamiento, el mando peruano envió al subteniente Alberto E. Bergerie con una comunicación para solicitar que las tropas colombianas abandonaran la posición. La petición no fue aceptada y, aproximadamente a la una de la tarde del 10 de julio de 1911, comenzó el intercambio de disparos.
La geografía favorecía a quienes defendían La Pedrera. Las fuertes corrientes, la escasa profundidad y las piedras del lecho impedían que las embarcaciones peruanas pudieran acercarse con facilidad. La cañonera corría el riesgo de quedar encallada o de ser atacada mientras intentaba avanzar en sentido contrario a la corriente.
Durante los días 10 y 11 de julio se produjeron varios ataques sin alcanzar un resultado definitivo. La flotilla peruana necesitaba encontrar una forma de atravesar el peligroso paso rocoso y acercar a las tropas a la posición ocupada por los militares colombianos.
El 12 de julio, los oficiales peruanos tomaron la decisión más arriesgada de toda la operación. La cañonera América intentaría remontar la corriente y superar la zona pedregosa mientras recibía disparos desde la orilla.
Después de varios avances y retrocesos, la nave logró cruzar el sector más peligroso. Fue seguida por la lancha Loreto, lo que permitió desembarcar a los integrantes del Batallón de Infantería N.º 9 y modificar la situación táctica del combate. Las fuerzas colombianas terminaron retirándose de La Pedrera. Las crónicas militares peruanas recuerdan aquella maniobra naval como el momento decisivo de la operación.
Al finalizar la tarde del 12 de julio, las fuerzas peruanas izaron el pabellón nacional en el lugar. Desde la perspectiva histórica peruana, este acto simbolizó la recuperación de la posición y la defensa del territorio que el país consideraba bajo su soberanía.

El enemigo silencioso: las enfermedades tropicales
El combate no fue la única amenaza que enfrentaron los soldados. En una región cálida, húmeda y con escasos recursos médicos, las enfermedades tropicales podían ser tan peligrosas como los disparos.
La fiebre amarilla, el paludismo y otras afecciones debilitaron a integrantes de ambos contingentes. Algunos hombres sobrevivieron al enfrentamiento, pero enfermaron gravemente durante el regreso o en los días posteriores.
El 31 de julio de 1911, la cañonera América regresó a Iquitos transportando heridos y enfermos. Entre ellos se encontraba Manuel Clavero Muga, quien padecía fiebre amarilla y falleció el 12 de agosto de 1911. Su memoria permanece estrechamente vinculada con la historia naval de Loreto.
También falleció posteriormente el mayor Manuel María Ramírez Hurtado, quien había resultado herido durante las operaciones. Las fuentes peruanas recuerdan además al subteniente Alberto E. Bergerie, al teniente César Francisco Pinglo Chunga, al sargento segundo Bernardo Villalta Luna y a otros soldados y marineros que perdieron la vida durante el combate o como consecuencia de la campaña.
Estos nombres permiten entender que detrás de las fechas, los barcos y las decisiones militares existieron personas reales que soportaron hambre, cansancio, enfermedades y condiciones extremas en una región que para muchos de ellos era completamente desconocida.
¿Por qué La Pedrera es importante para la historia de Loreto?
El Combate de La Pedrera de 1911 permite descubrir una parte de la historia de Iquitos que suele quedar eclipsada por la época del caucho, los edificios de arquitectura europea y la navegación comercial.
Iquitos también fue una ciudad estratégica para la administración, el abastecimiento y la defensa de territorios donde no existían carreteras y los ríos funcionaban como verdaderas vías de comunicación. Desde sus puertos salían embarcaciones que transportaban personas, alimentos, correspondencia, medicinas, mercancías y fuerzas militares hacia lugares situados a cientos de kilómetros.
La expedición muestra la enorme dificultad que implicaba trasladar un batallón desde la costa norte del Perú hasta la Amazonía, reorganizarlo en Iquitos y conducirlo por ríos poco conocidos. También confirma la importancia que tuvo la Marina de Guerra del Perú en Loreto, donde una embarcación podía cumplir al mismo tiempo funciones de transporte, defensa, comunicación, abastecimiento y asistencia sanitaria.
La cañonera América, protagonista de aquella maniobra, ocupa un lugar especial en la memoria naval amazónica. Fue construida en Liverpool y llegó a Iquitos en 1905. Su participación en La Pedrera convirtió a la nave en uno de los símbolos más conocidos de este episodio y de la presencia peruana en los ríos amazónicos.
Una historia que debe contarse con memoria y contexto
Desde la perspectiva histórica peruana, La Pedrera representa una acción de defensa de la soberanía nacional y un episodio de especial orgullo para Loreto. Sin embargo, una lectura responsable también debe reconocer que el enfrentamiento ocurrió en medio de una frontera discutida y que Perú y Colombia construyeron relatos nacionales diferentes sobre los acontecimientos.
Contar esa complejidad no disminuye el sacrificio de quienes participaron. Por el contrario, permite comprender mejor una época en la que la Amazonía se encontraba lejos de los principales centros políticos y las fronteras se afirmaban mediante puestos fluviales, expediciones militares, acuerdos diplomáticos y, lamentablemente, enfrentamientos armados.
Más de un siglo después, el río Caquetá recuerda que la Amazonía nunca fue un territorio vacío ni apartado de la historia. Fue —y continúa siendo— escenario de comunidades, rutas comerciales, decisiones políticas, movimientos humanos, disputas territoriales y enormes esfuerzos por desplazarse y sobrevivir en uno de los territorios más extensos y complejos del continente.
El Combate de La Pedrera no es únicamente una historia de soldados y embarcaciones. También es una historia sobre Iquitos, sobre los ríos como caminos y sobre la forma en que Loreto se conectaba con territorios distantes mucho antes de la existencia de las actuales vías de comunicación.


La Pedrera en la actualidad: ¿cómo una victoria peruana quedó del lado colombiano?
Al terminar esta historia surge una pregunta inevitable: si las fuerzas peruanas vencieron en el Combate de La Pedrera de 1911, ¿por qué ese lugar pertenece actualmente a Colombia?
La respuesta es que la victoria militar no resolvió definitivamente la frontera. En 1911, La Pedrera se encontraba dentro de una extensa región amazónica reclamada tanto por Perú como por Colombia. Los límites internacionales todavía no estaban trazados con la precisión actual y cada país defendía su propia interpretación de los documentos heredados de la época colonial.
Desde la posición peruana, la provincia de Maynas había sido reincorporada al Virreinato del Perú en 1802, y durante el siglo XIX el Estado peruano desarrolló presencia administrativa y fluvial en distintos sectores de la Amazonía. Colombia, por su parte, sostenía que parte de esos territorios correspondía a la antigua jurisdicción del Virreinato de Nueva Granada. Por eso, La Pedrera no era en 1911 una localidad pacíficamente reconocida por ambos países como parte definitiva de uno de ellos, sino un punto situado dentro de una frontera todavía disputada.
Cuando ocurrió el combate, el presidente del Perú era Augusto B. Leguía, durante su primer gobierno de 1908 a 1912. Las fuerzas peruanas comandadas por el teniente coronel Óscar R. Benavides, con el apoyo de la cañonera América, desalojaron a la guarnición colombiana y ocuparon la posición. Fue una victoria táctica peruana, pero pocos días después ambos gobiernos buscaron impedir una guerra mayor.
Mediante el acuerdo provisional o modus vivendi del 19 de julio de 1911, el Perú aceptó desocupar la posición ocupada después del combate y devolver los trofeos capturados. Esto demuestra que la victoria no se convirtió en una anexión territorial definitiva: el enfrentamiento terminó, pero la controversia limítrofe continuó abierta.
La solución jurídica llegó años más tarde. El 24 de marzo de 1922, durante el segundo gobierno de Augusto B. Leguía, Perú y Colombia firmaron el Tratado de Límites y Libre Navegación Fluvial, conocido como Tratado Salomón-Lozano. El documento fijó una frontera definitiva, reconoció territorios para ambos países y cerró formalmente las reclamaciones existentes. Entró en vigor en 1928 y posteriormente una comisión mixta realizó la demarcación física sobre el terreno.
Como consecuencia de esa delimitación, Colombia obtuvo el territorio situado entre los ríos Putumayo y Caquetá, además del Trapecio Amazónico, que le permitió tener acceso directo al río Amazonas mediante Leticia. De esta manera, La Pedrera, situada a orillas del río Caquetá y cerca de la frontera con Brasil, quedó reconocida dentro del territorio colombiano.
El acuerdo provocó un profundo descontento en Loreto y entre numerosos ciudadanos peruanos. Años después, en 1932, civiles loretanos ocuparon Leticia y comenzó un nuevo conflicto entre Perú y Colombia. Este episodio terminó en 1934 mediante la negociación diplomática y el Protocolo de Río de Janeiro, que confirmó la frontera establecida previamente.
Por ello, no es correcto afirmar simplemente que Colombia recuperó La Pedrera mediante otra batalla. Lo que ocurrió fue más complejo: Perú ganó el enfrentamiento de 1911, desocupó posteriormente la posición por un acuerdo provisional y, años después, ambos Estados definieron la soberanía mediante un tratado internacional.
Actualmente, La Pedrera forma parte del departamento de Amazonas, en Colombia. Su historia recuerda que una victoria militar puede decidir un combate, pero no necesariamente determina una frontera. Las fronteras también se construyen mediante negociaciones, tratados, decisiones políticas y acuerdos diplomáticos.
Datos históricos para ubicarse rápidamente
Lugar del combate: La Pedrera, río Caquetá, actual territorio colombiano.
Fechas del enfrentamiento: 10, 11 y 12 de julio de 1911.
Presidente del Perú en 1911: Augusto B. Leguía.
Jefe de la expedición peruana: Teniente coronel Óscar R. Benavides.
Principal embarcación peruana: Cañonera América.
Acuerdo provisional posterior: Modus vivendi del 19 de julio de 1911.
Tratado que definió la frontera: Tratado Salomón-Lozano, firmado el 24 de marzo de 1922.
Entrada en vigor del tratado: 1928.
Situación actual: La Pedrera pertenece a Colombia.
La Pedrera continúa presente en las calles de Iquitos
Aunque muchos iquiteños conocen estos nombres desde la infancia, no siempre saben que varios están relacionados con el Combate de La Pedrera de 1911. La memoria de aquel episodio permanece integrada en la vida cotidiana de la ciudad mediante colegios, calles, antiguos espacios urbanos y barrios.
Uno de los ejemplos más conocidos es la Institución Educativa Mariscal Óscar R. Benavides, popularmente llamada MORB, cuyo nombre recuerda al teniente coronel que comandó el Batallón de Infantería N.º 9 y dirigió la expedición peruana que llegó desde Chiclayo hasta Iquitos antes de continuar hacia el río Caquetá.
También se encuentra la Institución Educativa Teniente Manuel Clavero Muga, llamada así en memoria del comandante de la cañonera América. Clavero estuvo al frente de la flotilla durante la difícil maniobra que permitió atravesar el sector pedregoso del río y acercar a las tropas peruanas a la posición de La Pedrera.
El nombre del subteniente Alberto E. Bergerie quedó ligado al antiguo aeródromo de Iquitos. Bergerie fue el oficial enviado como emisario para comunicar el ultimátum peruano antes del enfrentamiento y posteriormente murió durante las operaciones.
La conocida calle Ramírez Hurtado, vinculada actualmente al intenso movimiento comercial del Mercado de Belén, recuerda al mayor Manuel María Ramírez Hurtado. Él no fue solamente uno de los heridos trasladados de regreso a Iquitos: ejerció como segundo jefe del Batallón de Infantería N.º 9, después de Óscar R. Benavides, y participó en la conducción de las tropas durante la campaña. Resultó herido en el combate y falleció el 13 de agosto de 1911, pocos días después de su retorno.
A esta memoria urbana se suma la calle Teniente Pinglo, cuyo nombre homenajea al teniente César Francisco Pinglo Chunga. Como oficial del Batallón N.º 9, formó parte de las fuerzas enviadas hacia La Pedrera y cayó en combate el 12 de julio de 1911, durante la jornada decisiva de las operaciones. Su muerte hizo que fuera recordado como uno de los oficiales peruanos que entregaron la vida en la campaña del río Caquetá.
Incluso el nombre de La Pedrera permanece en la geografía urbana mediante una villa o urbanización situada cerca del aeropuerto de Iquitos. Estos ejemplos muestran que la historia no siempre permanece encerrada en monumentos o libros: a veces sobrevive en el colegio al que asistimos, en la calle donde compramos nuestros alimentos o en el barrio por el que pasamos todos los días.
Reconocer el origen de estos nombres permite mirar Iquitos de otra manera y comprender que parte de la memoria del Combate de La Pedrera continúa escrita sobre el mapa cotidiano de la ciudad.
Fuente y agradecimiento
Este artículo toma como base la crónica “El Combate de La Pedrera”, escrita por Raúl Cornejo Coa y publicada en Diario La Región, posteriormente difundida por la página cultural Crónicas, con autorización de su editor. El contenido fue adaptado, organizado y contextualizado para facilitar su lectura y acercar este episodio a viajeros, estudiantes y lectores interesados en la historia de Iquitos y Loreto.
Nota editorial: Este artículo fue elaborado por el equipo de Yakumama Amazon Tours (Iquitos, Perú) como contenido histórico, cultural e informativo. Nuestro propósito es contribuir a la difusión de los acontecimientos que formaron parte de la identidad de Loreto, reconociendo que existen interpretaciones nacionales diferentes sobre los conflictos fronterizos de comienzos del siglo XX.
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